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miércoles, 2 de diciembre de 2020

Fattigmann, galletas de Navidad noruegas

    Tras la primera parada de este galletario aquí en España, hoy tomaremos impulso y, muy muy abrigados, saltaremos a las lejanas y frías tierras noruegas para descubrir una de las 7 más típicas e imprescindibles galletas navideñas. Aunque mas que a una galleta, por la textura que tienen al ser una masa frita, se parezcan más a nuestros rosquillos.

    También llamadas galletas del pobre, parece que estas galletas datan de finales del s.XVIII o principios del s.XIX, aunque dudo mucho que alguien con pocos recursos pudiera comprar los ingredientes con los que se preparan que no deberían ser precisamente baratos en aquella época, por lo que casi me quedo con la teoría de que el nombre haya derivado del término sueco Klen äter (pequeñas comidas) siendo pobre la traducción de klen en noruego. De todos modos, sean para pobres o no, lo que sí que puedo decir es que estas galletas fritas están extremadamente ricas.

    Ingredientes :

  • 2 yemas de huevo, talla L
  • 35 g de azúcar
  • 35 g de nata de montar
  • 1 cucharada de brandy 
  • 130 g de harina
  • 1/2 cucharadita de cardamomo molido
  • 1 pizca de sal
  • 1/2 cucharadita de levadura química
  • 30 ml de mantequilla derretida
  • Aceite para freír
  • Azúcar glass para espolvorear


    Batir las yemas con el azúcar hasta que estén espumosas. Reservar. Montar la nata hasta que haga picos duros e incorporar las yemas batidas junto al brandy con movimientos envolventes hasta que la mezcla esté totalmente integrada.

    Tamizar la harina junto con el cardamomo, la levadura y la sal. y añadir la mezcla a la crema de dos veces alternándola con la mantequilla derretida, que deberá estar tibia. Trabajar los justo hasta que la masa esté uniforme, tapar y refrigerar toda la noche.

    Pasado el tiempo de reposo, extender sobre una superficie ligeramente enharinada hasta que tenga aproximadamente 3mm de grosor. Con ayuda de una rueda dentada, cortar formas de diamante realizando además un corte en el centro. Introducir uno de los extremos a través de la hendidura y, sosteniéndolo desde una punta, sacudir ligeramente para que se alarge un poco.


    Freír en aceite caliente de pocos en pocos para que no se solapen unos con otros dándoles la vuelta cuando estén dorados para que lo hagan por ambos lados. Sacar y colocar sobre un papel absorbente para retirar el exceso de grasa.

    Espolvorear con abundante azúcar glass justo antes de servir.


    Lo ideal es comerlas el mismo día que se preparan para que estén bien crujientitas por fuera aunque, como salen un montón, a no ser que seais muchos o no os importe daros un buen atracón, las podéis conservar en un recipiente hermético. No estarán como recién hechas pero seguirán estando muy muy ricas... y sino que se lo pregunten a mis compis de trabajo que fueron los que las disfrutaron, jejjeje.


    Fuente : Adaptada de Outside Oslo

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