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sábado, 15 de junio de 2019

Vasitos de chocolate y avellana

    Hoy me he levantado con ganas de deleitarme con algo dulce, debe ser que se me ha hecho muy pesada la semana, así que, ¿que os parece si comenzamos el sábado con un poco de alegría? Algo que nos haga coger la energía suficiente para aprovechar el finde a tope y, sobre todo, ponernos de muy buen humor... y no sólo porque sean días de descanso.


    Mis hijos no son muy dados a comer dulces industriales por ahí, no hay como acostumbrarles a comer cosas ricas caseras. Pero, si tienen que elegir algún pecadillo, no dudan en pedir un kinder bueno. La combinación chocolate-avellana siempre triunfa, así que ¿por qué no prepararles algo parecido? Y digo parecido porque estos vasitos superan en sabor a esas barritas por goleada.
    Vamos a ello entonces


    Ingredientes :
    Para el bizcocho
  • 80 g de leche
  • 75 g de chocolate con leche de cobertura, troceado
  • 70 g de aceite de girasol
  • 2 huevos
  • 90 g de azúcar
  • 75 g de harina bizcochona
  • 25 g de avellana molida
  • 1 pizca de sal
    Para el almíbar
  • 60 g de azúcar
  • 50 g de agua
  • 1 cucharada de licor de avellana (lo usé sin alcohol)
    Para la crema de avellanas
  • 50 g de avellanas tostadas
  • 50 g de agua
  • 1/4 de cucharadita de glucosa
  • 1/2 cucharadita de agua
  • 100 g de nata para montar
  • 100 g de queso crema
  • 50 g de azúcar glass
    Además
  • Fideos de chocolate
  • Cucharitas de chocolate con leche


    Lo primero prepararemos el bizcocho para que se enfríe. Lo ideal sería hornearlo el día anterior y guardarlo en la nevera envuelto en plástico, una vez se haya enfriado por completo, para que esté bien asentada la miga.
    Calentar la leche en un cazo y, justo antes de que rompa a hervir, retirarlo y añadir el chocolate troceado. Remover hasta que esté derretido por completo y dejar templar.
    Precalentar el horno a 180ºC, con calor de arriba-abajo.
    Batir los huevos junto con el azúcar hasta que blanqueen y casi doble su volumen. Verter el aceite e integrar. Agregar la harina tamizada, la avellana molida y la pizca de sal y remover. Por último, añadir la leche con chocolate, que deberá estar tibia, y mezclar hasta que la masa esté uniforme. Volcar en un molde, previamente engrasado y hornear unos 25 minutos o hasta que al pinchar con una brocheta esta salga seca. Dejar reposar sobre una rejilla 10 minutos, desmoldar y terminar de enfriar sobre la rejilla.
    Hacer el almíbar poniendo en un cazo el azúcar  el agua y dejarlo hervir hasta que alcance los 108ºC. Retirarlo del fuego, añadir el licor, remover y dejar enfriar por completo.
    Para preparar la crema primero haremos un praliné. Poner en un cazo el azúcar, el agua y la glucosa y llevarlo al fuego hasta que consigamos un caramelo dorado. Echar las avellanas, remover para que se mezcle bien y volcar sobre un papel de horno. Extender con el dorso de una cuchara y dejar enfriar un poco. Romper en trozos y triturar hasta que tenga una textura de crema. Yo lo trituré con la thermomix 10 seg en turbo. Luego 2 minutos, vel 4. Bajé los restos de las paredes hacia las cuchillas y lo dejé de nuevo otros 2 min, vel.4. Conservar en un tarro en la nevera.
    Batir la nata, cuando esté semi montada agregar el azúcar y la crema de queso y seguir batiendo hasta que esté muy cremoso. Añadir 2 cucharadas del praliné de avellanas y caramelo e integrar con movimientos envolventes para que no se baje la mezcla. Meter en una manga con boquilla de estrella y reservar refrigerado para que coja consistencia.


    Una vez frías todas las preparaciones tan solo quedará montar los vasitos.
    Cortar círculos del mismo tamaño que la base del vasito  con un cortador de galletas y poner en la base uno de los círculos cortados. Calar con el almíbar, con ayuda de una brocha de repostería, y hacer un buen rosetón con la crema de avellanas. Espolvorear con los fideos de chocolate y refrigerar por lo menos media hora antes de llevarlo a la mesa.


    Servir cada vasito acompañado de una cucharilla de chocolate y preparaos para disfrutar de su delicioso sabor. Es casi como si comieras un kinder bueno pero en casero.


     Esta puede ser una buena manera también de utilizar restos de bizcocho o magdalenas que se hayan quedado un poco secos, convirtiéndolos en un postre delicioso. Una fantástica receta que puede ser de aprovechamiento.

domingo, 9 de junio de 2019

Ñoquis de sémola a la romana (Gnocchi di semolino alla romana)

    "En Roma, los gnocchi, se comen los jueves"
    Aunque este es un plato simple es, probablemente para mí, uno de los más ricos de la gastronomía italiana...y mirar que los hay deliciosos.
    Parece ser que provienen de la región del Lazio, aunque algunos afirman que sus orígenes son piamonteses. Vengan de donde vengan lo cierto es que están absolutamente deliciosos.


    Ya sé que hoy ni es jueves ni es día 29, día en el que tradicionalmente se comen ñoquis en la mitad sur de América, pero me ha parecido una excelente aportación para presentar al reto CocinArte.
    Este mes lo dedicamos a repescar las obras que nos hayan faltado por hacer durante este año (aquí tenéis el recopilatorio con todas las participaciones) Yo he elegido para la ocasión el Panteón de Agripa. Así que, nos marchamos de viaje y, ya puestos, ¿por qué no degustar también el plato romano por excelencia? Pero, antes de meternos en harina, vamos a conocer un poquito más sobre este espectacular monumento que, aún hoy en día, sigue teniendo la cúpula de hormigón sin armar más grande del mundo... asombrosa la arquitectura de la Antigua Roma.



    El Emperador Adriano encargó construir este templo a Apolodoro de Damasco, famoso arquitecto del s.I, sobre los cimientos del que había mandado construir Marco Agripa, durante el gobierno de Augusto, en el año 27 a.C, y que fuera arrasado por el fuego en el 80 d.C.
    Es uno de los edificios de la Antigua Roma mejor conservados, ya que ha tenido un uso continuado a través de su historia. Desde el s.VII ha sido utilizado como iglesia denominándose, hoy en día,  Basílica de Santa María y los Mártires, aunque es vulgarmente conocida como Santa María Rotonda. (Fuentes: Wikipedia y Artehistoria)
    En la Antigua Roma, la sociedad comía lo que la tierra les proporcionaba: cereales, legumbres, hortalizas y también leche o huevos. Aunque, cuando los recursos escaseaban, básicamente se alimentaban de trigo, siendo el puls el alimento básico casi durante 300 años. Esta especie de gachas se preparaba con trigo molido, agua, sal y grasa aunque las clases más ricas las comían con huevos, queso y miel y, en ocasiones, con carne y pescado.
(Fuente: Artehistoria)


    Viendo los ingredientes del puls de las clases ricas se puede apreciar que casi se corresponden con los que se utilizan para preparar estos ñoquis, o gnocchi como los romanos les denominan, pero preparados de una manera un tanto distinta en cuanto a textura, forma y manera de cocinarlos.
    Pero vamos al lío.
    Ingredientes :
  • 125 g de sémola de trigo duro fina
  • 80 g de mantequilla + un poco para engrasar
  • 500 ml de leche (yo puse semi)
  • 1 yema de huevo
  • 25 g de parmesano rallado
  • 25 g de pecorino romano rallado
  • 10-15 hojas de salvia fresca
  • Nuez moscada recién rallada
    Calentar en una cazuela, a fuego medio, la leche con 25 g de la mantequilla y 3 pizcas de nuez moscada. Cuando la mantequilla se haya fundido, bajar el fuego, añadir la sémola y, sin dejar de remover, cocer de 8 a 10 minutos. Apartar del fuego y agregar el parmesano removiendo hasta que esté integrado. Dejar enfriar un poco, añadir la yema de huevo y mezclar hasta que la masa esté uniforme.
    Verter sobre una bandeja cubierta con papel de horno humedecido y extender, hasta que tenga un grosor uniforme de aproximadamente 1cm, con ayuda de las palmas de las manos ligeramente mojadas. Dejar enfriar mientras se precalienta el horno a 200ºC, con calor de arriba-abajo.
    Fundir el resto de la mantequilla y añadir 4 ó 5 hojas de salvia troceadas. Reservar en caliente.


    Cortar discos de 5 ó 6 cm de diámetro, con ayuda de un cortador, e ir colocándolos en una fuente de horno, ligeramente engrasada con un poco de mantequilla, superponiéndose unos con otros.
    Pincelar los discos con la mantequilla con salvia preparada anteriormente hasta que acabemos con ella. Repartir el resto de las hojas de salvia por encima y espolvorear con el pecorino rallado.
    Meter a mitad de horno, dejar cocer durante 15 minutos y luego gratinar bajo el grill unos minutos más, hasta que la superficie se vea dorada.


    Se puede comer tanto caliente como templado y acompañado de una salsa de tomate o de una de carne. Yo, como podéis ver en la fotos, he elegido una de tomate casera aromatizada con un poco más de salvia... Bocatto di cardinale!!!

    
    Fuente : Saveurs Magazine

miércoles, 5 de junio de 2019

Carmelitas, el pintxo de Robin Food {Reto Cooking the Chef}

    Comienza junio y, poco a poco, va llegando el calor. Ya teníamos ganas de aparcar los abrigos y las botas, sacar la ropa más ligera, poder disfrutar del buen tiempo y que el frío sólo esté presente en los helados o en una cerveza helada sentados en una terracita.
    Y, claro, si nos vamos a tomar una caña, no nos la vamos a tomar a palo seco así que, que mejor que acompañarla de un pintxo al más puro estilo de Euskadi. Venga, que nos vamos de "potes". Y que vengan estos acompañados de unas ricas carmelitas.


    Este mes en Cooking the Chef tenemos como Chef protagonista, nada más y nada menos que, a David de Jorge, también conocido como RobinFood. Hace muchísimo tiempo que sigo a este hombre. De hecho, el gusanillo de comenzar a  preparar mi propio pan me la despertaron él e Ibán Yarza viendo sus programas.
    Mi mano ya me va dejando ir haciendo cositas en la cocina, aunque todavía no estoy para echar cohetes. Aún así, esta vez me he decidido por algo muy muy sencillo pero que está extremadamente rico. Aquí os dejo el recopilatorio para ver las maravillas que han preparado mis compañeros de reto.


    Ingredientes (para 12 unidades) :
  • 12 rebanadas de pan de 2 cm de grosor
  • 1 cabeza de ajos
  • 24 anchoas en aceite
  • 3 huevos L
  • 12 gambas frescas
  • Aceite de oliva 
  • Mahonesa
  • 12 aceitunas sin hueso

    Cocer los huevos, que deberán estar a temperatura ambiente, en abundante agua salada durante 10 minutos, desde que comience a hervir. Refrescar con agua fría y pelar. Reservar.
    Cocer las gambas, en abundante agua salada, durante unos tres minutos. Escurrir, dejar enfriar un poco antes de pelarlas y reservar.
    Confitar los ajos pelados en el aceite. Retirar los ajos y freír en ese aceite las rebanadas de pan hasta que estén doradas por ambas partes. Sacar y poner sobre papel de cocina para retirar el exceso de grasa. Cortar cada huevo, a lo ancho, en 4 partes y reservar. Escurrir las anchoas de su aceite.
    Colocar las rebanadas de pan frito sobre el plato de servir. Sobre cada rebanada poner un par de anchoas escurridas, una de las rodajas de huevo y una gamba encima. Echar media cucharadita de mahonesa y coronar con una aceituna.


    Cuando David, en su perfil de IG, sacó una foto de esta delicia (aunque sin aceituna, esta ha sido mi aportación personal 😉) tuve claro que esto era lo que iba a preparar para el reto de este mes. Él las define como "un timbre de gloria para los adictos al huevo cocido". En esto estoy totalmente de acuerdo con él, aunque me parece excesivo el decir que "lo pediría como última voluntad si me dieran el garrote vil y me concedieran un último deseo" 😂😂

jueves, 16 de mayo de 2019

Rodaballo con salsa de naranja caramelizada y patatas asadas a la canela

    Cuando en mi casa tenemos alguna celebración todos dan por hecho que el plato principal de la misma va a ser de carne. No es que el pescado les desagrade, que cuando toca se lo comen con gusto, pero la verdad es que mis chicos son bastante carnívoros. Así que, cuando les presenté este plato en la mesa, sus caras fueron todo un poema, aunque tengo que decir que no dijeron nada en contra. Sabía que apostaba sobre seguro y, tan solo con empezar a catarlo, cambiaron por completo el semblante... si es que ya lo sabía yo 😉
   


    El rodaballo es un pescado blanco apreciado desde la antigüedad y es que no me extraña ya que su delicada y melosa carne es extremadamente fina y sabrosa. La receta es bien sencilla y, sin embargo, la mezcla de naranja, canela y tomillo que envuelve de aroma y sabor al pescado, hace que se convierta en un plato más que digno para una celebración. 


    Ingredientes :
  • 4 lomos de rodaballo
  • 4 ramas de tomillo fresco
  • 30 g de mantequilla semi- salada
  • 1 kg de patatas (tipo ratte)
  • 1 cucharadita de canela
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra de molinillo
    Para la salsa
  • 60 g de azúcar glass
  • 60 g de vinagre de vino tinto
  • 200 ml de zumo de naranja
  • 200 ml de caldo de pollo
  • La piel de una naranja

    Precalentar el horno a 170ºC, con calor de arriba-abajo.
    Lavar, pelar y cortar las patatas en dos a lo largo. Colocarlas en una bandeja cubierta con papel, con el corte boca abajo. Regar con un hilo de aceite y espolvorear con canela, sal y pimienta. Hornear durante 50 minutos hasta que estén bien doradas. Reservar en caliente.
    Hacer un caramelo con el azúcar y unas gotas de agua. Cuando tenga un color dorado, añadir el vinagre, mezclar bien, y dejar cocer durante 5 minutos.
    Agregar el zumo y la piel de naranja cortada en tiras y dejar cocer 5 minutos más, a fuego bajo. Verter el caldo y dejar reducir hasta que la salsa esté ligeramente almibarada.
    Cuando se vaya a servir derretir la mantequilla en un cazo con el tomillo. Salpimentar los filetes de rodaballo y pasar unos minutos por una plancha caliente por cada lado.
    Servir con la salsa y las patatas.


    Fuente : Saveurs Magazine

jueves, 9 de mayo de 2019

Macarons de fresas con nata {Reto CocinArte}

    Ilusa de mí cuando me veía ya lo suficientemente recuperada para empezar a trastear en la cocina a mis anchas. Otra era la preparación que tenía pensada para la entrada de este reto pero, como mi muñeca no ha respondido como a mí me hubiera gustado, no me ha tocado otra que bucear de nuevo en busca de alguna receta pendiente de publicar que se acoplara lo suficiente a la pintura impresionista de Berthe Morisot, que es quien nos ocupa en el CocinArte de este mes. 
    Buscando, buscando, me encontré con estos macarons que preparé hace algún tiempo y, creo, que le va a la perfección.


    Se cuenta que estos pequeños e irresistibles diablillos, que fueron creados en el s.XVII por los Adam, una familia de pasteleros de Saint Jean de Luz, llegaron a París de la mano de Luis XIV y la infanta española MªTeresa de Austria. Tras su boda ambos, celebrada en la iglesia de Saint Jean Baptiste de esta localidad costera, la familia de pasteleros los agasajaron con un bandeja de macarons y, de esa manera, se introdujeron en las mesas de la corte convirtiéndose, con los años, en uno de los estandartes de la repostería francesa más delicados.
    A buen seguro que sería un delicioso refrigerio, ente pincelada y pincelada, en el estudio de esta gran artista, perteneciente a la alta burguesía parisina.


    El cuadro elegido por María para este mes el "El espejo de vestir", también llamado "La Psyché". Un óleo sobre lienzo que se encuentra expuesto en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.


     Ingredientes :

  • 75 g de azúcar glass
  • 75 g de harina de almendra
  • 27 g de claras
  • 2 ó 3 gotas de esencia de fresa
  • 1 puntita de colorante blanco
  • 75 g de azúcar blanquilla
  • 21 g de agua
  • 27 g de claras
  • Nata vegetal montada y azucarada
  • Mermelada de fresa

    La harina de almendra debe estar muy muy fina picada para que el macaron quede liso.
    Por este motivo es bueno triturar ambos juntos durante unos 10 segundos a la máxima potencia. Yo lo hago en la Thermomix pero podéis usar también un molinillo. Ojo, si os pasáis la almendra comenzará a soltar su aceite interior formándose una pasta y ya no nos serviría. Tamizar.
    Poner en un bol, añadir las primeras claras y mezclar hasta que se unifique la masa. Agregar la esencia y el colorante blanco y mezclar hasta integrar. Tapar el mazapán resultante con film para que no se reseque.
    Para el siguiente paso necesitaremos un termómetro de cocina.
    Poner en un cazo el azúcar junto al agua y llevar al fuego. Cuando la mezcla alcance los 110º C comenzar a batir las otras claras, deberán estar casi montadas cuando el almíbar llegue a 118º C. Retirarlo del fuego, bajar la velocidad de montado de las claras y añadir en forma de hilo por un lateral (no por encima de las varillas) el almíbar. Cuando esté totalmente integrado volver a subir la velocidad y seguir batiendo hasta que la temperatura baje a unos 40º C, vamos que al tocar las paredes del bol este esté templado.
    El siguiente paso es lo que se llama el macaronage, que consiste en unir ambas preparaciones, para lo cual usaremos una lengua y mezclaremos con movimientos envolventes hasta que estén bien integradas. Deberá estar lisa y brillante y debe caer lentamente en forma de cinta si la dejamos caer desde la lengua. Con un palillo bien untado de colorante rojo ir haciendo marcas en la masa con cuidado de no llegar a unificar del todo los colores.
    Rellenar con la masa una manga, provista de una boquilla lisa de unos 12 mm. Al haber añadido colorante blanco a la masa el contraste con el rojo será mayor y quedará más chulo aunque bien podéis no echárselo.
    Con la manga perpendicular a la bandeja y moviendo ligeramente la muñeca en forma de espiral, formar pequeños montoncitos de unos 3'5 mm de diámetro (más o menos el mismo diámetro que el tapón de una botellita de agua) sobre un tapete de teflón o papel de horno. Lo ideal es hacerse una plantilla para ajustar el espacio y controlar el tamaño. Dar golpecitos a la bandeja por bajo para que los picos que nos hayan quedado al formarlos se integren. Quedarán parecidos a los caramelos de fresa-nata de la Vda. de Solano.
    Dejar que se sequen para que formen una ligera costra que será determinante para que les salga un buen pie y no rompan por arriba al cocer. Al tocarlos ligeramente con los dedos no se deben pegar.
    Precalentar el horno a 150º C, con calor de arriba-abajo y sin aire, y dejarlos cocer durante unos 12 minutos a media altura. 
    Sacar y dejar enfriar sin levantarlos hasta que estén fríos, se despegarán casi solos. Si no es así podéis ayudaros de un cuchillito.
    Guardar en la nevera dentro un recipiente hermético durante unas 24 horas antes de rellenarlos para que se terminen de asentar y queden con esa textura tan especial que debe de tener un buen macaron.
    Una vez asentados rellenar la mitad de las coquilles de macaron con un cordón de nata y en medio una puntita de la mermelada de fresa. Cerrar con la otra mitad de coquilles y terminar de enfriar en la nevera dentro de un recipiente hermético para que el relleno coja cuerpo.



    Ricos no, lo siguiente. Y es que hay pocas cosas que gusten más que las fresas con nata y, si es en versión macaron, pues más que mejor.

    Fuente : Pierre Hermé adaptada por Cupcakes a gogó

domingo, 5 de mayo de 2019

Curry indio de gambas {Cooking the Chef}

    En alguna ocasión ya os había dicho que la cocina es una buena manera de viajar sin necesidad de tener que salir de casa y más cuando la posibilidad de poder viajar a ciertos lugares es más bien remota... de momento. Nunca he descartado el que, en algún momento de mi vida, pueda llegar a pasear por los alrededores del Taj-Mahal, por ejemplo. Pero, mientras eso pueda llegar a ocurrir, cada vez más a menudo, me gusta envolverme con el aroma y los sabores de su gastronomía.
    Mi familia ha llegado a disfrutar también de su cocina, aunque en una versión con bastante menos picante que la que se presenta en las mesas de su país, porque sus platos son verdadero fuego para las papilas gustativas no acostumbradas a esos niveles. Dado que yo, desde hace unos años, no puedo comer picante, para mi desgracia con lo que a mí me gusta, mis preparaciones son muy muy ligeras pero, si a vosotros os gusta y podéis, darle caña y añadir chili a saco.


    Los que me seguís en las redes ya sabéis que el pasado mes me rompí una muñeca, hecho que me tiene apartada, casi totalmente, de la cocina. Así que, ahora que los dolores van remitiendo y puedo manejarme un poco mejor, no he querido dejar pasar más tiempo para retomar de nuevo el blog. De momento será con platos cocinados y fotografiados anteriormente y que tenía pendientes de publicar, como la receta que hoy os traigo y, poco a poco, espero poder empezar con alguna cosa sencilla que pueda preparar con una sola mano.


    Y, como no, mi reentrada comienza participando en uno de los retos que más me gustan y que más me hacen "viajar": Cooking the Chef. En esta ocasión nos invitan a pasearnos por las cocinas de la Chef india Asma Khan quien, por supuesto, y aunque resida en Londres, nos acerca a la maravillosa gastronomía de su país natal. Aquí os dejo el recopilatorio con las recetas que han preparado los demás participantes del reto.


    Ingredientes :
  • 375 g de gambas peladas y desvisceradas
  • 1 lima
  • 3 cucharadas de aceite de cacahuete
  • 1 ramita de canela de unos 5cm
  • 7-8 hojas de curry frescas
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 cucharaditas de raíz de jengibre rallado
  • 3 dientes de ajo
  • 1/2 cucharadita de cúrcuma en polvo
  • 55 g de manteca de coco
  • 1 pizca de chili en polvo (1 cucharadita si quieres que pique)
  • 125 ml de agua
  • Sal
  • Zumo de 1/ 2 limón
    Colocar las gambas bien limpias en un bol y exprimir el zumo de la lima por encima. Remover y dejar reposar durante 5 minutos para que se cocinen un poco. Mientras pelar y picar muy finamente la cebolla. Machacar los dientes de ajo pelados con el jengibre hasta que se haga una pasta. Reservar.
    Escurrir las gambas, enjuagar con agua fría y secar con papel de cocina. Reservar.
    Poner a calentar una sartén, a fuego medio, con el aceite. Bajar el fuego, añadir la canela y las hojas de curry y rehogar durante un minuto. Agregar la cebolla, subir a fuego medio, y dejar cocinar hasta que tome color. Echar la pasta de ajo y jengibre y sofreír otro minuto.
    Volver a reducir el fuego,espolvorear con la cúrcuma y rehogar cuidando de que no se queme. Añadir la manteca de coco, el chili y el agua. Salar al gusto. Subir de nuevo el fuego y, cuando comience a hervir y la manteca se haya derretido por completo, agregar las gambas. Dejarlo cocer, a fuego lento, de 5 a 7 minutos dependiendo del grosor de las gambas.
    Apartar del fuego, rociar con el zumo de limón y mezclar bien.
    Servir enseguida. Lo normal es presentarlo acompañado de arroz basmati como con alguno de los panes típicos de aquella zona, ya sean chapatis, naans o rotis.


    Este plato, tradicional del sur de la India, debe ser muy muy picante por eso os he puesto entre paréntesis la cantidad de chili recomendada, mucho más que el que yo he puesto.


    Y ese toque fresco que le aporta el limón del final... ñam ñam. Una verdadera delicatessen.

    Fuente : Adaptado de "Mi primer libro de cocina india" de Amandip Uppal

jueves, 14 de marzo de 2019

Bizcocho de naranja cremoso

    El que los que te rodean en el día a día conozcan que tienes un blog tiene ventajas e inconvenientes.
    Los inconvenientes son mínimos ya que, como dicta el refrán, "Ante el defecto de pedir está la virtud de no dar". Además que, la verdad sea dicha, en mi caso no me ha ocurrido más que en un par de ocasiones.
    Las ventajas son muchas ya que, debo de estar rodeada de gente muy generosa, siempren se acuerdan de mí cuando tienen algo especial. Este es el caso de esta receta ya que, para poder prepararla, han sido generosas dos personas. La primera uno de mis compañeros de trabajo, que fue al que le dieron esta receta de Naranjas de Castellón y, un par de tardes después, me la proporcionó. La segunda una de mis vecinas, que se encontró con mi marido y le plantó delante un bolsón de naranjas recién cogidas de su campo. Menuda intensidad de aroma y sabor.


    Aunque no puedo olvidarme de agradecer, sobre todo, la especial colaboración de mis conejillos de indias, que son los que, en gran medida, se han comido practicamente todo el bizcocho. Bueno, para no decir mentiras, este y todo lo que les llevo, que no es poco 😂😂


    Entrando en materia, tengo que decir que la textura me ha sorprendido ya que es un bizcocho jugoso y cremoso al mismo tiempo, casi tanto como un pudin. Y el hecho de que no sea muy dulce hace que, al ser extremadamente delicado, se coma sin sentir. Pero vamos al lío.
    Ingredientes :
  • Una naranja hermosa (la mía 200g entera)
  • 200 g de azúcar
  • 200 g de huevo (unos 4 talla M)
  • 200 g de aceite suave (le puse de girasol)
  • 200 g de harina
  • 12 g de levadura química (tipo Royal. 1 sobre por cada 250g de harina)
  • 200 g de leche (la puse semi)
  • 1 pizca de sal (en la receta original no venía pero se lo puse ya que  potencia los sabores)

    En la receta pone que se mezcle todo con la batidora y se lleve al horno, al baño maria, en un molde engrasado. Yo lo preparé como cualquier bizcocho así os lo cuento.
    Precalentar el horno a 180ºC, con calor sólo de abajo, poniendo una bandeja un poco más bajo de la mitad de horno y con un recipiente, donde quepa el molde que vayáis a utilizar, con agua. Engrasar el molde con mantequilla o con spray desmoldante y, en este último caso, dejar escurrir boca abajo hasta que lo vayáis a utilizar.
    Lavar y secar muy bien la naranja. Rallar su piel y exprimir después, no colar el zumo. Reservar. Tamizar la harina junto a la levadura y la sal.
    Batir el huevo con el azúcar hasta que blanquee. Sin dejar de batir, añadir el aceite y después agregar el zumo y la ralladura de naranja. Espolvorear por encima la mezcla de harina removiendo hasta integrar. Verter la leche y batir justo hasta que esté integrado.
    Verter en el molde anteriormente preparado y meter al horno dentro del recipiente de agua, que deberá estar ya caliente. Dejar cocer 30 minutos. Pasado ese tiempo, poner el calor de arriba-abajo para que se pueda dorar la superficie y dejar de 10 a 15 minutos más, hasta que al pincharlo con una aguja esta salga limpia.
    Sacar y dejar enfriar durante 1 hora sobre una rejilla antes de desmoldarlo. Pasada la hora, volcar el molde sobre la rejilla y dejar que se termine de enfriar. Decorar al gusto.


    Como  utilicé el molde Crown de Nordic Ware, que quedá tan bonito, ni se me pasó por la cabeza decorarlo aunque bien podría haber espolvoreado un poco de azúcar glass por encima.


lunes, 11 de marzo de 2019

Pan de molde con tang zhong {#elpanperfecto}

    Tengo un amigo panadero, de esos que lo lleva en la sangre desde hace varias generaciones, que afirma que no todos los que hacen pan son panarras ni todos los panarras son panaderos. Su argumento es bien sencillo : panadero es el que hace pan, panarra el que disfruta haciendo pan.
    Yo no puedo estar más de acuerdo con él, y más teniendo en cuenta el pan que te encuentras a la venta en algunos sitios. Y es que debería haber panaderías y panarraderías para diferenciar a unos y a otros ¿o no es verdad?


    No me hagáis demasiado caso que hoy me he levantado con la vena filosófica, jejjeje. La cuestión es que hoy os traigo mi aportación panarra para #elpanperfecto, donde este mes nos proponían preparar pan de molde, y se me ha debido meter parte de la harina por las venas.


    Como ya tenía un pan de molde en el blog tenía que hacer algo distinto, aparte que me atraía el probar el tang zhong, una papilla cocida de agua y harina que provoca que la miga del pan se vuelva más tierna y esponjosa. Esta técnica asiática de influencia francesa es, técnicamente hablando, uno de los mejorante panadero naturales más antiguos.


    Ingredientes :
    Para el tang zhong
  • 60 g de harina panadera
  • 300 g de agua
    Para la masa
  • 540 g de harina panadera
  • 100 g de agua
  • 15 g de levadura fresca de panadería
  • 10 g de sal
  • 10 g de azúcar
  • 30 g de mantequilla a temperatura ambiente

    Poner en un cazo los ingredientes del tang zhong y remover hasta que la mezcla esté uniforme. Cocer, a fuego bajo, removiendo sin parar, hasta que tenga la consistencia de una crema y esté a unos 55-60ºC. Dejar enfriar.
    Una vez que esté frío, poner en un bol junto al resto de la harina y el agua, mezclar bien y dejar reposar 20 minutos (autolisis)
    Agregar la sal, el azúcar y la levadura y amasar hasta que esté uniforme. Entonces ir añadiendo la mantequilla, cortada en trocitos, y amasar hasta que esté totalmente incorporada.
    Seguir amasando en periodos de 2 minutos, alternados con reposos de 10 minutos, hasta que la masa esté elástica y suave. Bolear, colocar en un bol ligeramente engrasado, tapar y dejar levar, en un sitio cálido y sin corrientes de aire, hasta que doble su volumen.
    Volcar sobre la superficie de trabajo, espolvoreada con un poco de harina, desgasificar y dividir la masa en dos partes, si vais a preparar 2 panes de 500g.
    Dividir cada parte en dos o tres y bolear cada una de ellas. Ir depositándolas dentro de un molde rectangular, tapar y dejar levar hasta que vuelva a doblar.
    Precalentar el horno a 220º C, con calor de arriba-abajo. Vaporizar y hornear durante 15 minutos. Bajar la temperatura del horno a 180ºC y dejar cocer otros 25 minutos más.
    Sacar y dejar enfriar sobre una rejilla antes de desmoldar.


    ¿Qué os parece la miga? ¿A que tiene buena pinta?

    Fuente : El invitado de invierno

sábado, 9 de marzo de 2019

Ensalada templada de perdiz escabechada con naranja {CocinArte}

    Ayer fue el día de la mujer. Pocas veces las mujeres han aparecido retratadas en los libros de historia pero, gracias a su lucha y tesón, poco a poco, vamos descubriendo todo lo que nos dejaron como herencia. En el #cocinArte de este mes, homenajeamos a una de esas mujeres casi desconocidas, aquí podéis ver el recopilatorio.     


    Poco se sabe de la biografía de Clara Peeters, una de las pocas mujeres, que se sepa, que dedicaron su vida a la pintura a principios del s.XVII. Otro ejemplo de superación personal que, a buen seguro, no lo tendría nada fácil para destacar en un mundo de hombres, dejando tras de sí una maravillosa muestra de los gustos y costumbres de la clase social privilegiada de los Países Bajos a través de sus exquisitos bodegones.


    La idea de recrear un bodegón era algo que me apetecía mucho así que ¿por qué no intentar hacerlo para homenajear a esta desconocida pintora?


    Y que mejor que utilizar, para elaborar la receta, parte de los productos del cuadro de Clara Peeters que María ha elegido para el CocinArte de este mes.


    Ingredientes :
    (Para dos personas)
  • 1 lata de perdiz escabechada
  • 2 naranjas medianas
  • 1 bolsa de escarola en trozos
  • 1 puñado de canónigos
  • 1 puñado de aceitunas verdes
  • Sal 
  • Aceite de oliva virgen extra

    Pelar las naranjas a piel y sacar los gajos, encima de un bol para recoger el zumo. Sacar la perdiz de la lata, ponerla en un cazo y calentar ligeramente. Escurrir del escabeche y desmigar la carne, reservando parte del líquido. Lavar y escurrir bien la escarola y los canónigos.
    Extender en el fondo del plato de servir la escarola y los canónigos. Poner en el centro la carne desmigada de perdiz y repartir por encima los gajos de naranja y las aceitunas.
    Poner en un bol un poco del escabeche reservado, un par de cucharadas del zumo recogido, un buen chorreón de aceite y agitar hasta integrar.
    Salar la ensalada al gusto y regar con la mezcla anteriormente preparada.
    Servir enseguida.


martes, 5 de marzo de 2019

Muéganos y sirope casero de maíz {Cooking the Chef}

    Cada vez más cerca del día de la mujer y, a pesar de encontrarnos en el s.XXI y muchos puedan pensar que ya no tiene sentido la celebración de este día, historias como la de Cristina Martínez nos dicen que aún queda mucho camino que recorrer.
    Se casó para escapar del acoso de su padre y se encontró explotada por la familia de su marido del que, también, recibía malos tratos. No tuvo más remedio que huir para escapar de las palizas y los golpes dejando atrás su patria y a sus hijos. No quiero ni imaginarme hasta que punto tuvo que llevar la cosa para renunciar a ellos, sin duda alguna, una de las decisiones más difíciles de su vida.
    Ella, además, tiene mucho que decir sobre la migración existente entre México y EEUU ya que, aunque se haya convertido en una chef de prestigio internacional, no deja de ser una persona indocumentada dentro de un país cada vez más restrictivo con ellos y, aunque pague impuestos, no puede acceder a la nacionalidad ya que fue fichada en una de sus incursiones.
    Con su restaurante, South Philly Barbacoa, ha conseguido llevar un trocito de su Capulhuac natal a Filadelfia a través de su barbacoa de borrego, con la receta que, con los métodos tradicionales, aprendió a cocinar desde niña en su familia. Además, desde allí se coordina un movimiento social que trata de ayudar a los "sin papeles" sin derecho de trabajar legalmente en EEUU. Nos encontramos con la historia del día a día de una luchadora sin tregua, por lo que pienso que ha sido una decisión más que acertada la de las chicas de Cooking the Chef eligiéndola a ella para este mes.
    Mi intención era preparar una de esas tradicionales barbacoas pero, tras la infructuosa búsqueda de sus ingredientes, me he decidido por un dulce presente en cada una de las ferias mexicanas : unos deliciosos muéganos. Aquí os dejo el recopilatorio con el resto de aportaciones al reto.


    Mis blogs de referencia, cuando deseo que mi casa se inunde con los olores de México, son Rústica y Enchílame esta gorda y, tanto Maite como Lupita, logran introducirme un poquito más en la gran riqueza gastronómica de su país. En esta ocasión la receta es de Maite y, si no conocéis su blog, os aconsejo que os paséis a leer sus entradas porque son, además de un regalo para los sentidos, verdadera poesía.


    Ingredientes :
    Para el sirope de maíz (Fuente : Repostería Suena Dulce)
  • 150 g de azúcar
  • 35 g de azúcar glass
  • 1/8 de cucharadita de cremor tártaro
  • 1/2 cucharadita de zumo de limón
  • 60 ml de agua
    Para la masa
  •  250 g de harina
  • 1 pizca de sal
  • 1/2 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
  • 1 cucharada de semillas de anís molidas
  • 15 g de manteca
  • 1 huevo L
  • El agua que admita (yo le puse 80g)
    Para la miel de piloncillo (panela)
  • 125 g de panela
  • 20 g de sirope de maíz
  • 100 g de agua
  • 1 palo de canela
  • 1 clavo de olor
  • 1 pizca de semillas de anís
  • Unas gotas de zumo de limón

    Prepararemos primero el sirope, para que pierda un poco de calor, poniendo en un cazo a fuego medio el agua, el azúcar, el cremor tártaro y el zumo de limón. Cuando rompa a hervir añadir el azúcar glass e ir integrándolo con cuidado. Dejar cocer hasta que la superficie se llene de espuma. Filtrar a través de un colador fino y dejar enfriar. Cuando esté frío su consistencia será espesa, como la de la miel.
    Mezclar la harina, la pizca de sal, la levadura, y las semillas de anís molidas en un bol. Formar un volcán y añadir en el centro el huevo ligeramente batido. Ir mezclándolo hasta que tenga una consistencia arenosa, entonces agregar la manteca e integrar. Verter poco a poco el agua hasta que obtener una masa suave y blandita. Amasar hasta que se vuelva elástica y se deje de pegar a los dedos. Cubrir y dejar reposar unos 10 minutos a temperatura ambiente.
    Pasado ese tiempo, dividir la masa en dos y estirar, con la ayuda de un rodillo, hasta te tenga un grosor de unos 5mm. Con un cuchillo afilado, cortar cuadrados de unos 2 cm de lado.


    Despegar con cuidado y freír, en abundante aceite caliente, hasta que estén dorados. Sacar y poner sobre papel de cocina para retirar el exceso de grasa.
    Para hacer la miel poner en un cazo la panela, el sirope de maíz, el zumo, el agua y las especias y cocinar, a fuego vivo, hasta que se vuelva oscura y espese un poco, unos 10 minutos más o menos hasta que esté a punto de bola, removiendo de vez en cuando. Colar y dejar enfriar un poco.
    Colocar los cuadraditos sobre un papel de horno y regar con la mayor parte de la miel por encima hasta cubrirlos por completo. Con ayuda de un par de cucharas formar bolas, regar con el resto de la miel y dejar secar por lo menos durante media hora.


    A pesar de estar regados con la miel os aseguro que el conjunto no es tan dulce como pudiera parecer. Y el sabor que le dan las especias hacen de este un bocado sublime, no me extraña que esté presente en las ferias de parte del país.


    Debéis apretar las bolas para que queden bien adheridos los cuadraditos aunque si alguno se suelta no debéis dudar en hacer como yo y disfrutar del manjar antes de llevar a la mesa. Podríamos decir que es el control de calidad, jejjeje.