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martes, 28 de abril de 2020

Berenjenas rellenas de cordero y piñones

    De nuevo mi casa se impregna de olores de otras latitudes. De la mano de Yotam Ottolengui vamos a encaminarnos al corazón del mercado Machne Yehuda de Jerusalén, para deleitarnos con la reinterpretación que él hace de las tradicionales berenjenas rellenas al estilo turco que en el restaurante Azura preparan.


    ¿ Ya estáis preparados para volver a coger la maleta y viajar hasta allí? Pues, vamonos entonces...


    Ingredientes :
  • 4 berenjenas medianas (1,2 kg aprox.)
  • 6 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 y 1/2 cucharaditas de comino molido
  • 1 y 1/2 cucharada de pimentón dulce
  • 1 cucharada de canela molida
  • 2 cebollas medianas (340 g aprox.)
  • 500 g de carne de cordero picada
  • 50 g de piñones
  • 20 g de perejil fresco picado
  • 2 cucharaditas de concentrado de tomate
  • 3 cucharaditas de azúcar fino
  • 150 ml de agua 
  • 1 y 1/2 cucharada de zumo de limón
  • 1 cucharadita de pasta de tamarindo
  • 4 ramas de canela
  • Sal
  • Pimienta negra de molinillo

    Precalentar el horno a 220ºC, con calor de arriba-abajo.
    Pelar y picar las cebollas muy finas. Lavar, secar y cortar las berenjenas en dos a lo largo, incluido el pedúnculo. Colocar en una fuente de horno lo suficientemente grande como para que no queden unas sobre otras. Hacer unos cortes longitudinales en la carne, pero sin llegar a cortar la piel, y pincelar con 4 cucharadas del aceite. Espolvorear por encima 1 cucharadita de sal y abundante pimienta negra. Hornear durante unos 20 minutos, hasta que estén doradas. Retirar del horno y dejar que se enfríen un poco. Bajar la temperatura del horno a 195ºC.
    Mientras se hornean las berenjenas prepararemos el relleno. Mezclar en un bol el comino, el pimentón y la canela y remover hasta que la mezcla esté uniforme.
    Poner el resto del aceite en una cazuela, añadir la cebolla junto a la mitad de la mezcla de especias y sofreír durante unos 8 minutos, a fuego vivo, removiendo de vez en cuando. Agregar el cordero, los piñones, el perejil, el concentrado de tomate, una cucharadita de azúcar, una cucharadita de sal y una pizca de pimienta y cocinar 8 minutos más, removiendo y deshaciendo los grumos de carne picada hasta que esté suelta y no tenga color a crudo.
    En el bol de la mezcla de especias que habíamos reservado echar el agua, el zumo, la pulpa de tamarindo, el resto del azúcar y media cucharadita de sal. Mezclar bien y verter en el fondo de la bandeja de las berenjenas. Poner dentro también las ramas de canela.
    Con ayuda de una cuchara, cubrir la carne de las berenjenas con el preparado de cordero. Tapar con papel de aluminio y hornear, a media altura, durante una hora y media. A lo largo de la cocción regar un par de veces las berenjenas con la salsa, añadiendo un poco de agua si está quedara seca.
    Después de este tiempo las berenjenas deberán estar muuuuy tiernas y la salsa habrá espesado ligeramente.


    Servir tibias o a temperatura ambiente y preparaos para disfrutad a lo bestia porque están impresionantemente deliciosas.


    Fuente : Libro Jerusalén de Yotam Ottolengui y Sami Tamimi

sábado, 25 de abril de 2020

Espaguetis con albóndigas (dulces) para La Dama y el Vagabundo {Una galleta un cuento}

    Llevaba muchos días estrujándome el cerebro intentando buscar algo que preparar que fuera suficientemente espectacular. Este cuento, elegido por Pat y Co, ganadora de la anterior edición de Una galleta un cuento, me ha gustado siempre, desde bien niña, y merecía algo grandioso pero, como decía Serrat en su canción, las musas han pasaó de mí. Aunque no creo que hayan tenido la suerte de irse de vacaciones, mas bien estarán confinadas como todos nosotros.
    Al final me ha tocado improvisar un trampantojo que, aunque no es tan espectacular como debiera, rico está un rato largo. Y, lo más importante de todo, no lo he montado yo, sino mi hija. Una buena manera de tenerla entretenida durante un rato... que es de agradecer ¿a qué sí?


    Cuando pienso en la historia no puedo dejar de ver en mi mente la escena más romanticona de la película. Esa cena a la luz de una vela que culmina con el tímido e inesperado beso de los protagonistas. Ainsss, es recordarlo y me pongo de un tierno... Pero vamos al lío que se nos enfrían los espaguetis o mas bien que se nos calientan.


    Ingredientes :
    Para la crema
  • 100 g de queso crema
  • 50 g de nata de montar
  • 1 yema de huevo
  • 25 g de azúcar avainillada
  • 2 g de gelatina en polvo
  • 1 cucharada de agua
    Para el coulis de fresa
  • 30 g de agua
  • 45 g de azúcar
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • 180 g de fresas
    Para las trufas de fresa
  • 40 g de chocolate de fresa (o candy melt de fresa)
  • 28 g de nata de montar
  • Cacao en polvo 
    Además
  • 4 ensaimadas pequeñas, sin espolvorear de azúcar glass
  • 4 fresas
  • 2 mitades de melocotón en almíbar, bien escurridas

    En primer lugar prepararemos las trufas ya que, para que cojan bien la textura y podamos trabajar con ellas, la mezcla deberá estar por lo menos 2 horas en la nevera. Para hacerlas tendremos que derretir el chocolate, a pequeños golpes de microondas teniendo cuidado de que no se nos queme, removiendo entre cada pequeño golpe de calor. Una vez que esté completamente fundido añadir la nata y remover bien hasta que la mezcla esté lisa, brillante y homogénea. Tapar y meter en la parte más fría de la nevera.
    Para preparar el coulis, lavaremos bien las fresas bajo el chorro del agua fría e iremos dejándolas sobre un colador para que se escurran. 
    Poner en un cazo el agua, el azúcar y el zumo y llevar a fuego bajo. Remover de vez en cuando y, cuando se haya disuelto el azúcar por completo, añadir las fresas (sin pedúnculos, que os veo venir, jejjeje) y dejar cocer hasta que estén muy tiernas y haya perdido parte del líquido. Yo lo tuve unos 20 minutos. Retirar del fuego, dejar que baje un poco la temperatura y pasar a través de un colador, apretando con la mano de un mortero, para retirar las pepitas y quede muy fino. Verter dentro de un biberón y dejar enfriar por completo. No deberéis dejarlo muy espeso porque cuando se enfríe se volverá más denso.
    Ahora vamos con la crema. Poner en un bol el queso y la nata, que deben estar muy fríos, y batir con unas varillas hasta que la mezcla esté bien montada. Reservar en la nevera.
    En una tacita echar la gelatina y la cucharada de agua y dejar hidratar.
    Poner en un cazo la yema, el azúcar de vainilla y batir hasta integrar. Poner al baño maría, sin parar de remover con una varilla, hasta que espese formando una crema. Retirar del fuego, añadir la gelatina hidratada y remover hasta que esté totalmente integrada. Tapar a piel para que no haga corteza, y dejar enfriar. Cuando esté a temperatura ambiente, mezclar la crema de queso con la crema de yemas, con movimientos envolventes, hasta que esté homogénea. Meter en una manga con una boquilla redonda fina, usé una Wilton nº5, y volver a refrigerar para que coja cuerpo.
    Una vez que la mezcla de las trufas haya endurecido, tomaremos pequeñas porciones con una cucharilla, las rebozaremos en el cacao, que abremos puesto en un platito, y las iremos colocando dentro de un colador. Solo quedará dar unos pequeños golpecitos para retirar el exceso de cacao y reservar, de nuevo, en la nevera.
    Lavar las 4 fresas restantes, retirar el pedúnculo y cortar en tiras. Cortar también el melocotón en almíbar en tiras. 
    Ya tendremos todas las preparaciones hechas así que sólo falta el montaje.
    Colocar cada ensaimada en un plato, cubrir con un poco de la crema y repartir las frutas de manera alterna por encima como podéis ver en la foto.


    Cubrir con una capa fina de crema, extendiéndola ligeramente, para tapar las frutas con ella. Dejar caer más hilos de crema por encima, de tal manera que parezcan espaguetis.
    Regar con el coulis de fresa, simulando que fuera el tomate frito, y colocar encima tres de las trufitas preparadas.


    Meter de nuevo en la nevera hasta la hora de servir.
    Poner el mantel de cuadros, encender la vela y buen provecho...
    Como lo del tema del beso no creo que estemos ahora en el momento más apropiado, nos conformaremos con comernos un platito cada uno, menos es nada, que ya vendrán los besos más adelante ¿o no?


    Yo, de momento, me voy comiendo una trufa, mientras voy viendo las propuestas de mis compis de reto... Ñam ñam, qué delicia!!

martes, 21 de abril de 2020

Solomillo de cerdo asado con clementinas, hinojo y anís

    Que me gusta a mí Ottolenghi no es nada nuevo, en este blog hay ya unas cuantas recetas de él, no sabría decir cuantas. Y, es que, su cocina es sumamente adictiva. El olor que transmiten sus platos es la pura esencia del lejano Oriente Medio, llenos de especias que aromatizan, no sólo la cocina sino toda la casa, mientras se van cocinando. 


    Os traigo una adaptación de una de las recetas de su libro Jerusalén donde se utilizan dos productos de temporada que no tardarán en desaparecer temporalmente de los mercados : bulbo de hinojo y mandarinas.
    En mi adaptación he cambiado también la carne de pollo, que es la que Ottolengui utiliza, por otra carne blanca, el cerdo y, ante la imposibilidad de encontrar arak, he preparado la marinada con el anís seco que tenía en casa. Teniendo en cuenta que el arak es una bebida anisada creo que el sustituto no está fuera de lugar.


    Ingredientes :
  • 2 solomillos de cerdo
  • 100 ml de anís seco
  • 4 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 cucharadas de zumo de naranja
  • 3 cucharadas de zumo de limón
  • 2 cucharadas de semillas de mostaza
  • 3 cucharadas de azúcar moreno
  • 2 bulbos de hinojo medianos (500 g aprox.)
  • 4 clementinas (400 g aprox.)
  • 1 cucharada de tomillo seco
  • 2 y 1/2 cucharaditas de semillas de hinojo
  • 2 y 1/2 cucharaditas de sal
  • 1 y 1/2 cucharadita de pimienta negra de molinillo
  • Perejil picado

    Lavar muy bien las clementinas, secar y, sin pelar, cortar horizontalmente en rodajas de unos 5 mm de grosor. Reservar.
    Limpiar el hinojo y cortar cada bulbo por la mitad, a lo largo, y luego cada mitad en 4 ó 5 rodajas. Machacar ligeramente en un mortero las semillas de hinojo, sólo tienen que abrirse no pulverizarlas.
    Meter en una bolsa de zip los dos solomillos. Teniendo en cuenta que tendrá que ser los lo bastante grande para poder introducir también la marinada y el resto de ingredientes.
    Mezclar en un bol grande el anís, el aceite y los zumos. Añadir la sal y la pimienta, mezclar bien y verter dentro de la bolsa de zip. Agregar las rodajas de hinojo y de clementina, el tomillo y las semillas de hinojo. Cerrar la bolsa y, con cuidado, remover bien para que se mezcle todo. Dejar marinar en la nevera como mínimo 3 ó 4 horas, aunque lo mejor sería dejarlo toda la noche.
    Al día siguiente, precalentar el horno a 220ºC, con calor de arriba-abajo.
    Verter en una fuente de horno el contenido de la bolsa de zip, distribuyéndolo de modo que quepa en una sola capa. Hornear, a media altura, durante unos 5 minutos. Bajar la temperatura del horno a 200ºC y dejar cocer 40 minutos más. Voltear los solomillos a mitad de coción y regar por encima de ellos con el líquido de la marinada, de vez en cuando, para que no se sequen demasiado. Retirar del horno.


    Pasar los solomillos, el hinojo y las clementinas a la bandeja de servir. Cubrir con papel aluminio y reservar en caliente.
    Desglasar el líquido de cocción de la fuente y verter en un cazo. Llevar a ebullición y dejar reducir, a fuego lento, hasta que queden unos 80 ml de salsa. Verter la salsa caliente sobre los solomillos y espolvorear con una pizca de perejil picado.
    Cortar los solomillos en porciones y repartir éstas en los platos, regadas ligeramente con un poco de la salsa. Acompañar con un poco del hinojo y alguna rebanada de la mandarina y servir enseguida.


    El resultado es un asado de sabores intensos con ese ligero toque dulzón que le va tan bien a la carne blanca. Y nada mejor para completar el plato que acompañarlo con una buena ración de arroz blanco.

viernes, 17 de abril de 2020

Lemon & Ginger Angel Food Cake

    Parece que la primavera este año está pensándose también eso de salir de casa y aún continuamos con los días grises que le suelen preceder. Tanto es así que lo que más me apetece es liarme en la cocina y, sobre todo, poner el horno a trabajar a toda pastilla, ya sea para preparar algo dulce, salado o cocer un buen pan.


    Y hoy vamos a endulzar el día con una delicatessen, que ya tenía yo ganas de dulce. Nada mejor para darme el capricho que con uno de los bizcochos que más me gustan : un Angel Food. Si, además, a la esponjosa textura que tiene esta maravilla le añades la acidez del limón y el ligero picante que le aporta el jengibre ya es el sumum de la delicadeza.


    La receta es la que Bea tiene en I love Bundt Cakes, a la cual yo le he añadido jengibre fresco rallado para darle un poco más de chispa si cabe.

 
    Ingredientes :
  • 9 claras pasteurizadas
  • 205 g de azúcar
  • 65 g de harina
  • 2 cucharadas de ralladura de limón (2 limones aprox.)
  • 1 cucharadita de zumo de limón
  • 1 cucharadita de cremor tártaro
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 2 cucharaditas de jengibre fresco rallado
    Para el glaseado
  • Zumo de 1 limón
  • De 100 a 130 g de azúcar glass

    Dejar las claras a temperatura ambiente por lo menos media hora.
    Precalentar el horno a 180ºC, con calor de arriba-abajo.
    Poner las claras en un bol y comenzar a batir a velocidad media. Cuando empiecen a espumar espolvorear por encima el cremor e integrar. Agregar el zumo, las ralladuras de limón y jengibre y el extracto de vainilla y seguir batiendo hasta que comiencen a formarse picos. Subir la velocidad e ir añadiendo el azúcar a cucharadas. Seguir batiendo hasta que estén bien montadas formándose picos duros y brillantes.
    Echar la harina de dos veces y, con ayuda de una espátula, incorporar hasta que esté totalmente integrada, con movimientos envolventes.
    Volcar la masa en el molde sin engrasar, nivelando la superficie. Hornear, a media altura, sobre la rejilla, durante unos 35 ó 40 minutos. Si tocáis levemente la superficie comprobaréis que ésta no se pega a los dedos.
    Sacar del horno y dar la vuelta al molde, apoyándolo sobre sus patitas. Dejar que repose por lo menos 1 hora y media.
    Pasado ese tiempo, pasar un cuchillo por el contorno del bizcocho, para que se despegue del molde, y volcarlo sobre una rejilla. Despegar también la base, retirar y dejar que se enfríe por completo.
    Preparar el glaseado poniendo el zumo en un cuenco. Ir añadiendo azúcar glass, removiendo con una varilla, hasta conseguir la textura deseada.
    Glasear el bizcocho cuando esté completamente frío.


    Sólo me falta decidir con que acompañarlo ¿Qué pensáis vosotros que le iría mejor? Un café o quizás un té aunque, casi mejor, me lo como a palo seco 😂😂


martes, 14 de abril de 2020

Pan casero de masa madre de Daniel Jordà

    No conozco a nadie a quien no le guste comer un buen pan. Ha sido publicar las fotos de esta delicia y lloverme las peticiones para que publicara la receta. Y aquí me tenéis, que para esto soy muy facilona, retrasando la publicación de la receta dulce que tenía preparada para hoy para poder dejárosla cuanto antes.
    Para hacer el pan tan sólo he ido siguiendo los pasos de uno de los tutoriales que Daniel Jordà está compartiendo generosamente a través de las stories de su perfil de Instagram. Porque como él dice "compartir no es otra cosa que seguir aprendiendo, somos egoístas, queremos aprender más"
    No os podéis perder ni sus panes ni su filosofía de la vida porque os aseguro que váis a disfrutar de lo lindo, tan solo pide que le deis la mano y os dejéis acompañar...

    "La pacienciencia es una virtud"    
                                   William Shakespeare
    No sé si será una virtud o no pero desde luego, mucha es la que váis a tener que derrochar si queréis que os salga este pan como toca. Si sois de los que queréis preparar pan para el mismo día ésta, definitivamente, no es vuestra receta. Éste es el pan ideal para comer el domingo para comer, o mejor para cenar para que haya podido reposar y la miga esté bien asentada, aunque haya que empezar a prepararlo el viernes por la noche, que es cuando se tiene que refrescar la masa madre para darle tiempo a que desarrolle toda su poderosa magia.
    Sabroso, suave, aromático, increíblemente tierno por dentro y con una corteza dorada y super crujiente por fuera. Vamos, una auténtica maravilla, un regalo para los sentidos.
    Pero cómo dice Daniel "si no os sale a la primera, no os preocupéis. El error es un aprendizaje más. No os vengáis abajo. Estamos aprendiendo y, a veces, se aprende más de un error que de una cosa que sale bien y no sabemos por qué"


    Ingredientes :
    Para el refresco de la masa madre
  • 5 g de masa madre
  • 100 g de harina
  • 60 g de agua
    Para la masa final
  • 250 g de harina 
  • 200 g de agua, a 30-35ºC
  • 80 g de masa madre refrescada
  • 5 g de sal

    Lo primero será hacer un refresco a la masa madre. Poner en un bote limpio la masa madre y añadiendo lo primero el agua. Remover para disolver y agregr la harina. Remover hasta que se forme una pasta uniforme y dejar levar, tapada, a temperatura ambiente (a 20ºC aprox.) de unas 12 a 15 horas. Con esta cantidad de refresco tendréis para dos panes como éste.
    Mezclar todos los ingredientes de la receta, excepto la sal. Amasar hasta que no se pegue a las manos, poner en un bol ligeramente engrasado, tapar y dejar que repose de 1 a 2 horas para que empiece a coger cuerpo. Añadir la sal y unas cuantas gotas de agua, dar unos cuantos pliegues hasta que esté totalmente integrada en la masa, tapar de nuevo y volver a dejar reposar otra hora.
    Repetir los pliegues y los reposos hasta que la masa esté suave y lisa. Yo tuve que repetirlos un par de veces. Volcar la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y darle la forma que queráis, redondo o alargado, procurando darle bien de tensión a la masa en su superficie. Colocar la masa con cuidado, con la costura hacia arriba, dentro un banetton bien enharinado o en un recipiente cubierto con un trapo espolvoreado con abundante harina. Espolvorear un poco más de harina por la parte de arriba y tapar con un paño limpio. Meter en la nevera toda la noche para que leve muy poco a poco hasta doblar su volumen y se desarrollen bien todos los matices y aromas de la masa madre.
    A la mañana siguiente sacar el banetton de la nevera y dejar atemperar. Mientras precalentaremos el horno a 230ºC, con calor de arria-abajo, dejando una bandeja en la parte de abajo.
    Cuando el horno haya alcanzado la temperatura, volcar en otra bandeja la masa. Greñar con una cuchilla o un cuchillo muy bien afilado e introducir la bandeja a mitad de horno. Echar medio vaso de agua en la bandeja de abajo y cerrar enseguida para que no se escape el vapor generado. Este golpe de vapor es el que nos hará que se cree una buena corteza.
    Dejar cocer durante unos 25 minutos, sacando la bandeja de abajo cuando hayan pasado 10 minutos de cocción.
   

    El pan debe estar bien tostado y, al golpear en su base, debe sonar a hueco. Pasar entonces a una rejilla para que se termine de enfriar, tapado con un paño.


    Con los panes de masa madre hay que tener paciencia, ya os lo decía antes. La masa madre necesita un mimo especial dado a base de tiempo, éste ya véis que me ha llevado casi 2 días, pero la espera merece la pena, os lo aseguro. Y aguanta bien toda la semana cubierto con un paño... eso dicen al menos. El mío no duró tanto, cayó en el día.


    Vamos que hasta tuve que esconder un par de rebanadas para poder hacerme unas tostadas al día siguiente, jejjeje.

viernes, 10 de abril de 2020

Hot cross buns. Panecillos de Pascua del Reino Unido

    Llegando la Semana Santa son muchos los paises los que tienen un sinfín de dulces tradicionales, al igual que en España, que se preparan en estas fechas. Una tradición mundial compartida con decenas de culturas, con reminiscencias paganas o no tanto, unas con humildes preparaciones que nacen del reciclado de otros ingredientes como nuestras torrijas, muchas otras amasando panes dulces con distinta simbología : el Kulich ruso, la Colomba italiana, el Mazanec checo, la Figolla maltesa, el Tsoureki griego...
    Volvemos a hacer la maleta y viajamos, virtualmente de nuevo, a las islas británicas para degustar uno de sus panes dulces más tradicionales en estas fechas, aunque esta vez tomando forma de panecillos, los Hot cross buns.


    La tradición manda que estos panecillos especiados, con pasas y corteza de cítricos confitados en su interior, hay que comerlos en Viernes Santo ya que, en teoría, la cruz que lleva encima sería el símbolo de la crucifixión de Cristo.
    Y digo en teoría porque ya en tiempos remotos, anteriores a la expansión del cristianismo, los ancestros de estas islas consumían algo muy parecido en honor a la diosa Éostre, simbolizando la marca los cuatro cuartos de la luna... otra tradición pagana que acabó asimilando la iglesia como suya.
    De hecho, Enrique VIII prohibió su venta, porque lo consideraba como una peligrosa amenaza católica, y no fue hasta años más tarde cuando su hija, Isabel I, ante la popularidad que tenían estos panecillos, promulgara una ley que volvía a permitir su venta en las panaderías, aunque tan sólo por Pascua y por Navidad. Fuente (Wikipedia)


    La receta que os traigo no tiene demasiada complicación, sobre todo si tenéis experiencia en la preparación de masas levadas. Es de Jamie Oliver, otro de los Chefs propuestos en su día por las chicas de Cooking the Chef (mirar aquí para ver más recetas suyas), aunque con alguna pincelada de R. Bertinet, y podéis ver como los prepara en su perfil de Instagram.


    Ingredientes :
  • 200 ml de leche semidesnatada
  • 55 g de mantequilla
  • 1/4 de cucharadita de nuez moscada
  • 455 g de harina de fuerza
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 1 cucharadita de sal
  • 55 g de azúcar extrafino
  • 7 g de levadura seca
  • 1 huevo L batido
  • 85 g de pasas sultanas
  • 2 cucharadas de piel naranja confitada
    Además
  • 2 cucharadas de harina
  • Agua
  • Huevo batido
  • Miel
 
    Poner en un cazo, a fuego medio, la leche hasta que esté templada. Echar dentro la mantequilla, retirar del fuego y remover hasta que ésta esté completamente derretida. Espolvorear con la nuez moscada y remover hasta que se integre. Reservar.
    Poner en un bol amplio la harina, la canela, la sal y el azúcar y mezclar hasta que esté homogéneo. Hacer un hueco en medio y echar dentro el huevo batido y la mezcla de leche. Ir integrando la harina, al principio con ayuda de un tenedor, y más tarde con las manos hasta conseguir una masa uniforme. Volcar sobre una superficie de trabajo enharinada y amasar durante unos 10 minutos hasta que no se pegue a las manos y tenga una textura suave y eslástica.
    Bolear y dejar levar tapada, con la costura hacia abajo, hasta que doble su volumen. En esta ocasión la dejé sobre la superficie de trabajo cubierta con un paño limpio.
    Desgasificar apretando un poco con los dedos, estirándola ligeramente al tiempo. Repartir las pasas y la corteza de naranja confitada por encima. Doblar la masa y trabajarla hasta que las frutas estén repartidas uniformemente, espolvoreando con un poco de harina si fuese necesario porque se nos estuviera volviendo a pegar en los dedos.
    Hacer un tronco con la masa y cortar 12 porciones más o menos iguales, de unos 80g. Bolear cada porción e ir colocándolas sobre una bandeja de horno forrada con papel, dejando algo de sitio entre cada bola para que puedan crecer, pero sin separarlas demasiado para que una vez hayan levado acaben tocándose unas con otras. Cubrir de nuevo y dejar que su volumen se duplique.
    Precalentar el horno a 190ºC, con calor de arriba-abajo.
    Poner en un taza las dos cucharadas de harina e ir añadiendo agua, poco a poco, removiendo hasta obtener una pasta con la textura de una bechamel. Meter la mezcla en una manga y cortar la punta dejando un agujero fino.
    Cuando hayan levado, pincelar los bollos con huevo batido, con ayuda de una brocha. Ésta es la pincelada de R.Bertinet de la que os hablaba antes, ya que Jamie Oliver no lo hace.
    Formar con la pasta una cruz encima de cada bollo, haciendo rayas primero en un sentido y luego en el contrario. Aunque lo entenderéis mejor viendo las fotos.


    Hornear a media altura de 15 a 20 minutos, hasta que estén bien doraditos.
    Una vez lo estén, sacar sobre una rejilla y, cuando baje un poco la temperatura pero aún estén calientes, pincelar con un poco de miel para que brillen.
    Ojo, no os paséis embadurnándolos con la miel, porque sino quedarán excesivamente pegajosos, sólo necesitarán una finísima capa por encima.


    Aunque lo ideal es comerlos recién hechos, aún calientes y untados con mantequilla, como desayuno, si los acompañáis templaditos con un buen té a la hora de la merienda también váis a disfrutar de lo lindo.


    Recién hechos se pueden congelar sin problemas, antes de pincelarlos con la miel claro, y sólo tendréis que meterlos unos segundos en el microondas para templarlos y pincelarlos entonces con la miel.

martes, 7 de abril de 2020

Titaina. Receta tradicional valenciana de Semana Santa

    Ya tenemos la Semana Santa aquí y, aunque este año va a ser definitivamente distinta, me parece buena idea el preparar platos relacionados con ella.
    Supongo que esperábais que la entrada de hoy fuera de alguna dulcería típica de estas fechas. Pero casi que he preferido dedicar la publicación a un plato salado, un delicioso entrante para servir acompañado de unas tostas de pan, ya que creo que como sigamos preparando dulces no podremos salir de casa después del confinamiento ya que no pasaremos a través de las puertas 😆😂😂 Pero estar tranquilos que alguna receta más de dulce caerá, os doy mi palabra. 😉


    Aunque lo cierto es que la receta que hoy os traigo es típica en todos los poblados marítimos de Valencia, el origen parece ser que lo tiene en el Cabanyal. Al cual os invito a acercaros en las próximas Pascuas para disfrutar degustando su gastronomía, íntimamente ligada a su tradición marinera, además de para poder admirar las procesiones de la Semana Santa Marinera que, aunque no son tan conocidas, no dejan de ser espectaculares y llenas de una belleza bien distinta a la Semana Santa de otras poblaciones de nuestro país.


    El ingrediente estrella, e imprescindible para que se pueda llamar Titaina y no pisto marinero, es la "tonyina de sorra", ventresca de atún en salazón, aunque tiene en común con otros pistos el mimo en escoger productos de temporada y dejarlos cocinar a fuego lento y sin prisas, para que poco a poco el guiso vaya espesando y consigamos que se concentren y potencien todos los sabores.


    Ingredientes :
  • 150 g de tonyina de sorra
  • 110 g de pimiento rojo
  • 50 g de pimiento verde
  • 350 g de tomate rallado
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen 
  • 1/2 cucharada de azúcar
  • 50 g de piñones
  • 1 pizca de sal

    Lo primero será probar el punto de salazón de la tonyina. Si estuviera muy salada poner a remojo durante por lo menos media hora. Lavar, secar y cortar los pimientos, retirando las semillas. Picarlos en dados pequeñitos.
    Dorar los piñones en una sartén sin grasa con cuidado de que no se quemen. Reservar.
    Poner una cazuela con el aceite, a fuego bajo, y cuando esté caliente, añadir los dados de pimiento. Dejar cocer, removiendo de ver en cuando, hasta que estén confitados. Agregar el tomate y el azúcar, remover y dejar cocinar durante unos 40 minutos hasta que espese.
    Trocear la tonyina y echar dentro de la cazuela junto a los piñones tostados. Cocinar 5 minutos más. Rectificar de sazón si fuese necesario y retirar del fuego.
    Lo ideal es dejar reposar el guiso toda la noche para que los sabores se mezclen. Después se puede servir frío, templado o caliente... como tú prefieras.


    Este delicioso plato estará igual de rico ya lo sirvamos caliente, templado o fresquito, en los días más calurosos, además de ser el relleno de los pepitos valencianos de titaina, imprescindibles en cualquier merienda de Pascua que se precie por estos lares... Pero de ellos, si acaso, ya hablaremos otro día. 😉😊


    Yo, de momento, me voy comiendo una tapita para abrir boca ¿gustáis?

domingo, 5 de abril de 2020

Crema parmentier (tradicional y con termomix) { Reto Cooking the Chef}

    Aunque ya hace días que comenzó la primavera parece que la paulatina calidez de las temperaturas que la tenían que haber acompañado, en esta ocasión, le ha hecho caso omiso y continúa haciendo todavía más que fresquito. Esto nos lleva a que, no solo nos siga apeteciendo el cuchareo, sino que es lo que nos va a ayudar, en gran manera, a poner el cuerpo a tono.
    Seguimos con el afán de encontrar platos distintos que llevar a nuestras mesas así que, volvemos a hacer las maletas virtualmente, para adentrarnos en la cocina tradicional francesa de la mano de uno de los chefs más destacados y mundialmente reconocido : Joël Robuchon.


    El término parmentier se refiere a preparaciones que fundamentalmente lleven patata cocida en su composición, como purés, sopas y cremas, en un merecido homenaje a Antonie Ausgustin de Parmentier, quien logró introducir y potenciar el consumo de este tubérculo en la cocina francesa.
    Fueron los españoles los que la trajeron de América e introdujeron su cultivo en Europa, aunque solamente era utilizada como alimento para el ganado ya que se creía que ésta era indigesta y perjudicial para la salud.
    Parmentier, además de ser un gran nutricionista, fue el mejor de los publicistas y conocedor de la condición humana, como demostró la manera tan sibilina de que la gente lo introdujera en su alimentación. El rey, Luis XVI, comenzó a pasearse con una flor de patata en la solapa y se imprimieron folletos explicando la manera de cultivarlas y su forma de empleo. Pero la mejor campaña publicitaria fue, sin duda alguna, cuando hizo que los terrenos donde se cultivaban fueran custodiados por guardianes solamente durante el día consiguiendo que, durante la noche, los campos fueran asaltados para llevarse el tan codiciado tesoro.  Fuente : Directo al paladar
    Y ahora, después de la clase de historia, ¿que os parece si nos ponemos a cocinar?


    Ingredientes :
  • 700 g de patatas
  • 3 puerros 
  • 1 cebolla mediana
  • 75 g de mantequilla
  • 600 ml de caldo de pollo
  • 100 ml de nata
  • 2 rebanadas de pan de molde sin corteza
  • Perejil fresco picado
  • Sal
  • Pimienta

    Pelar la cebolla y picarla fina. Lavar los puerros bajo el grifo del agua fría para retirar toda la posible arena que lleven, y secar con papel. Retirar la parte verde, reservándola para otros usos, y cortar en rebanadas la parte blanca. Pelar y cortar en cuadraditos las patatas.
    Tradicional
    Poner en una cazuela, a fuego medio, 50 g de mantequilla y dejar derretir. Añadir el puerro y la cebolla y sofreír durante unos 10 minutos. Echar los cuadraditos de patata  y rehogar unos 4 minutos. Verter el caldo y salpimentar. Dejar cocer durante 25 minutos. Agregar la nata y triturar. Rectificar de sazón y reservar en caliente.
    Con thermomix
    Echar en el vaso la cebolla y los puerros troceados y cortar 6 sg, vel.5. Bajar los restos de la paredes hacia las cuchillas, añadir la mantequilla, que deberá estar a temperatura ambiente, y dejar sofreír durante 10 min, Varoma, vel.2. Echar los cuadraditos de patata y rehogar 4 min, Varoma, vel.2. Verter el caldo, salpimentar y programar 25 min, 100º C, vel.1. Dejar que baje un poco la temperatura, agregar la nata y triturar 1 min, vel 5-7-10.
    Rectificar de sal y reservar en caliente.

    Cortar el pan en cuadraditos y saltear en una sartén con los 25 g de mantequilla restantes, removiendo de vez en cuando para que se doren por igual por todos los lados. Retirar y dejar escurrir sobre papel de cocina para retirar el exceso de grasa.
    Servir la crema en los platos, repartir los cuadraditos por encima y espolvorear con el perejil picado por encima. Llevar a la mesa antes de que se enfríe.


    Hoy, día 5, sería el día de publicación de uno de los retos con los que más he aprendido y continúo haciéndolo, Cooking the Chef. Y digo que continúo haciéndolo porque, aunque el reto esté en un periodo de descanso, yo seguiré intentando ponerme al día con los Chefs que me quedan pendientes. Además de con alguna otra receta que tengo anotada en pendientes de algunos de los Chefs con los que ya había participado.

viernes, 3 de abril de 2020

Brioche de mascarpone

    Después de tantos días de confinamiento tengo un montón de recetas hechas que piden paso para poder ser publicadas. Mi intención es ir dosificándolas para tener material preparado para bastantes entradas porque, cuando todo esto acabe, no va a haber nadie que me haga quedarme en casa más del tiempo necesario para comer y dormir. Pienso salir a pasear, a tocar la arena con los dedos de los pies y dejar que las olas me acaricien, a respirar esa brisa marina que tanto echo de menos, a disfrutar de mi familia y amigos hasta decir basta... vamos, como creo que hará la mayoria de vosotros ¿o no?
    De momento os traigo este brioche que preparé hace poco más de un mes, hay que ver como pasa de rápido el tiempo cuando una se mantiene ocupada, y prometí que subiría la entrada enseguida... ilusa de mí.
    Y es que, no me puedo resistir a un reto y fue decir #retobriochero y pensar "este lo tengo que hacer yo", jajjaja. Lo difícil era poder decidir cual de todos los que se prepararon iba a ser el elegido por mí, no me quedó otra que echarlo al pito pito, siendo éste que os traigo el elegido... por ahora, que los demás me los guardo para preparar todos y cada uno de ellos más adelante porque, a ver, ¿quién se puede resistir a un desayuno con un trozo de una de estas maravillas? Yo, desde luego, que no.
    Pero vamos al lío.


    Ingredientes :
  • 520 g de harina de fuerza
  • 80 g de azúcar
  • 1 huevo L batido
  • 250 g de mascarpone
  • 120 ml de leche templada
  • 12 g de levadura fresca de panadería
  • 5 g de sal
  • Almendras crudas laminadas
  • Azúcar glass

    Desleír la levadura en la leche templada. Echar en un bol junto al mascarpone, el azúcar y unos 45g de huevo, reservando el resto para pincelar más tarde. Batir y, cuando la mezcla esté homogénea, añadir la harina y la sal. Empezar a trabajar hasta que esté uniforme. Volcar en la superficie de trabajo, ligeramente enharinada, y amasar para conseguir una textura lisa y elástica, que no se pegue a los dedos.
    Bolear y dejar reposar, dentro de un bol ligeramente aceitado, tapada con plástico de cocina y un paño encima, hasta que doble su volumen.
    Engrasar un molde de 24 cm de diámetro y reservar, dado la vuelta sobre papel de cocina, para retirar el exceso de grasa.
    Volcar la masa, en una superficie ligeramente enharinada, y desgasificar, aplastando con los dedos.
    Estirar, plegar sobre ella misma y volver a estirar. Repetir el proceso 3 veces más. Dividir la masa en 10 partes iguales, bolear cada una de ellas e ir depositando cada bolita en el molde preparado, sin apretarlas demasiado. Tapar de nuevo con plástico de cocina y dejar levar hasta que duplique su volumen.
    Cuando la masa casi haya doblado comenzaremos a precalentar el horno a 190ºC, con calor de arriba-abajo.
    Pincelar suavemente, la superficie de la masa, con el huevo batido reservado, teniendo cuidado de no pincharla. Espolvorear generosamente con las almendras laminadas y hornear durante unos 30 minutos. El brioche deberá estar bien doradito.


    Sacar y dejar reposar sobre una rejilla y, cuando haya bajado un poco su temperatura, desmoldar. Esto evitará que se humedezca. Volver a colocar sobre la rejilla, dejando que se termine de enfriar.
    Espolvorear bien de azúcar glass.


        Teniendo en cuenta que la receta viene de Inés, y más tarde versionada por Rocío, estaba claro que iba a ser de 10. Pero, si a esto le sumas los consejos de Belén, a buen seguro que tenía que salir un brioche más que espectacular... para tocar el cielo con la punta de los dedos. Palabrita de la buena.


    Y a vosotros ¿qué os parece? A mis hijos les debió parecer que sí porque no le dejaron ni respirar. Templado y todo que se lo comieron, jejjejje.