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lunes, 5 de octubre de 2020

Sopas avahadas al horno {Cooking the Chef}

    Creo que lo digo todos los años en estas fechas pero, de verdad os lo digo, cada vez llevo peor el inicio del nuevo curso. Después de casi un mes sin publicar hoy, por fin, hago acto de presencia con un plato extremadamente sencillo pero no por eso menos delicioso : unas sopas avahadas al horno que quitan el sentido.

     Muchos de los grandes chefs han intentado dar valor a los platos más tradicionales con maravillosas reinterpretaciones. Esto me parece grandioso además de necesario pero, ¿de dónde vienen esos platos de toda la vida que se han convertido en tradicionales? ¿Por qué no ahondar en su historia para llegar a conocer el origen de la alimentación de nuestros más lejanos ancestros?

    Eso mismo es lo que nos han propuesto desde Cooking the Chef en su retorno a las redes, conocer la gastronomía primitiva de los pobladores de nuestras tierras justo hasta antes del desembarco de los árabes a nuestras costas. Si hay que volver la vista a nuestras raíces, las de mis antepasados se encuentran en Valladolid, por lo que esa es la zona donde se ha centrado mi investigación. Antes de que los romanos llegaran, esas tierras estaban habitadas por los vacceos y es de ellos de donde viene la receta que he elegido en esta ocasión. 


     Para entender lo que comían es fundamental conocer sus costumbres y manera de vivir. Así que voy a hacer un pequeño resumen de su cultura, porque si no esto daría para varias entradas, basado en los hallazgos encontrados en los yacimientos arqueológicos de algunas de sus principales ciudades como Pintia, Pallantia e Intercatia.

    De este pueblo celta, cuya existencia está probada al menos desde el s.IV a.C., ha quedado demostrado que fue el pueblo más culto y avanzado de la Iberia antigua. Aparte de ser recolectores de frutos, como uvas con las que elaboraban vino, desarrollaron un sistema agrícola colectivista muy eficaz y productivo cultivando cereales (trigo y cebada) y leguminosas (garbanzos, lentejas y almortas), llegando a convertirse ya desde aquellos tiempos en el granero de la meseta, con cuyos excedentes realizaban intercambios comerciales con los pueblos limítrofes. También se dedicaron a la ganadería bovina y fueron capaces de desarrollar una industria textil y cerámica incluso más avanzada que la de los romanos. Contaban con un ejército de dos mil soldados con una caballería imbatible, los romanos acabaron valorando más los caballos de esta zona que los suyos propios, y unas costumbres y forma de vida que, a través de la admiración, acabaron respetando. De hecho los habitantes de Pallantia e Intercatia cohabitaron, más o menos pacíficamente, con los romanos mientras, estos últimos, sometían al resto de los pueblos de Hispania.

    Volviendo a lo que nos ocupa, que es el tema gastronómico, se tiene constancia de que el pan fue el primer alimento elaborado por el pueblo primitivo. Los restos encontrados muestran que ya horneaban un pan fermentado de candeal, que era el tipo de trigo que cultivaban. Además cocinaban corderos lechales tanto en parrillas de hierro como al horno así como un primitivo cocido omnívoro. La cocina de aprovechamiento y transformación de sus restos también es una de sus características, de ahí proviene la elaboración que os traigo siendo estas sopas, parece ser, el alimento que tomaban los guerreros antes de entrar en batalla. Cierto es que no eran exactamente iguales a las mías, ya que para hacerlas ellos no contaban con aceite de oliva ni con pimentón, pero creo que puede llegar a ser una aproximación bastante cercana... con una pizca más de alegría. Pero vamos al lío que ya os he metido bastante rollo.

    Ingredientes :

  • Pan de candeal del día anterior
  • 2 dientes de ajo hermosos
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de pimentón
  • Agua 

    Calentar el horno a 200ºC, con calor de arriba-abajo.

    Dorar en una sartén, en el aceite de oliva, uno de los dientes de ajo cortado en láminas. Añadir el pimentón, rehogar ligeramente y retirar del fuego. Verter un vaso de agua, para que el pimentón no siga cocinándose y corra el riesgo de quemarse, y agregar el otro diente de ajo, machacado previamente.

    Cortar el pan en rebanadas gruesas, de un dedo más o menos, e ir colocándolas en el fondo de una cazuela de barro o en varias individuales. Ir empapando el pan poco a poco con la preparación anterior, añadiendo más agua si fuese necesario para quedar muy empapado pero sin llegar a estar sumergido en líquido. Hornear, a media altura, durante un par de horas. Remover con una cuchara, sobre todo por el borde de las cazuelas, y volver a meter al horno de media a una hora más. 


    La sopa deberá tener una textura cremosa por dentro con una costra crujiente y dorada por fuera y, como dijo Ibán Yarza, en la publicación que hizo él de estas sopas, al comerlas deberás tener la sensación de estar comiendo una deliciosa torrija salada.

9 comentarios:

La cajita de Nieves y Elena dijo...

Esta sopa me ha recordado a la sopa trinchante madrileña y que me encantó cuando la hice. HOy en día tendría que hacerla sin gluten, por lo que no podrá ser con pan candeal, pero seguro que encuentro una fórmula de pan que se adapte.

Te dejo el enlace de la sopa que te digo: http://www.lacajitadenievesyelena.com/2018/03/sopa-trinchante-madrilena.html

Bss

Elena

manu dijo...

Te has ceñido a lo que nos pedían, con ingredientes de esa época. Tu acercamiento a la historia de la época hace mas comprensible la receta. Te felicito👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻

sopaypilla dijo...

Debe ser la tatarabuela de nuestra sopa de ajo, y seguro que estaba buenísima también. Sorprende como lo sencillo a veces es lo que más perdura.
un besito

Catypol dijo...

Desconozco la gastronomía celta antigua, de ellos me transmite mucho los libros/cuentos de pócimas y magia, así me parece tu receta, mágica, podría ser la protagonista de una historia de druidas ;)
Besitos linda

Mi caja de recetas dijo...

¡Gensanta qué pinta! No me pueden gustar más tus sopas...Besos

Natalia dijo...

Que bueno es ver estas recetas Vivi, pueblos antiguos y sus maneras de convivir, muchos dando ejemplo como este pueblo que nos enseñas. Los celtas siempre me han transmitido respeto por su manera de ver la naturaleza y el mundo. Tu plato y esa forma final de describirlo creo que es perfecta, en tiempos antiguos definitivamente he visto que eran de gustos fuertes por algunas preparaciones que he visto en los aportes generales del CTC y diría en este caso de texturas ásperas y reconfortantes, me transmiten esa fuerza de espíritu que debían tener a la hora de luchar. Una sopa que sin duda probaría
te mando un beso y que tengas un buen curso

abril dijo...

Ains, has hecho justo una de las cosas que quería que es centrarte en la tierra de tus antepasados y me ha gustado mucho toda la introducción. Y sobre la receta, no digamos, un verdadero tesoro. Muchísimas gracias por participar siempre con este entusiasmo! Besos!!!!

Silvia T. Clarasó dijo...

Hola! Me ha encantado saber sobre la historia, gracias por el post y todo el relato, la receta está de vicio, una sopa muy muy potente y reconfortante, saludos!

Raksha dijo...

Tiene una pinta estupenda, y es ideal para estos días en los que empieza el frío. Besos